Así te pronuncias



¡Bonita manera tienes de asomarte a mis brazos!
te aúpas inclinada sobre las curvas de los dedos
provocando que el tacto anuncie,
en festín de susurros,
una cascada de arrullos,
libidinoso valle de enormes dinteles
por los que mirarte inquieto,
soliviantado,
de este pensamiento doloso,
y acurrucarte.
Una mecedora en la cuenca de las manos
que recoja, a ritmos de a dos,
las letras de tu nombre.
Bajo un mar de ojos cerrados,
sumergirnos despacio,
sin apenas mirarnos,
guiados por la presencia,
yo de la tuya, tú de la arena,
hago señales de humo lejos de nuestra cama,
para despistar a poniente
y que marche tras el sol de la aurora,
que no reparen el tiempo de las plumas,
que los pliegues de la almohada
sigan escribiendo rimas asonantes,
tercetos de amor macerados
sobre una capa de intenciones,
mejor así,
carne repicada de amantes iniciados.
Mañana no será,
anoche no ha llegado.-


Otoñada



El otoño tiene alas que caen como gotas,
mojan en vuelo las hojas que saltan abrumadas,
antes de formar montones
que se mecen con el viento.
En otoño están todos los colores
y huele.
El otoño es perfecto
porque todo es posible.
En otoño caminas,
y el agua vuelve a llenar los arroyos,
huele a bosque,
a madroño.
El otoño no es triste, no,
es comienzo,
vuelta al principio,
eres tú más cerca.
Arruga es otoño,
octubre es llamada,
otoño es noviembre,
los meses se acaban en otoño.
Luz de ocres,
semilla,
aceite recién hecha.
Extremadura es otoño,
sonrisa,
Jerte, Gata, Ambroz,
otoño es sierra.
Amanece despacio
y el letargo aparente de la mañana
se despereza.
De la niebla a la lluvia,
del sol al viento,
otoño sorpresa,
otoño capricho,
ojos de otoño,
marrones castaño.
Tierra de otoño.
He salido a la puerta a esperarte,
pasajero en otoño,
evadido en las horas cortas,
instantes de leña
en la sierra del fuego.
Nací en noviembre,
Y soy otoño.-


Estaciones


Cuando se va septiembre
el sol se vuelve lento.
Hoy emerge más tarde,
diez minutos después de las ocho
salgo de casa como cada mañana,
él no asomaba,
un cielo naranja lo venía anunciando,
pero no había llegado,
perezoso septiembre.
Ayer, en cambio, dibujaba flores
en la dehesa del Salor.
Hoy no estaba,
Y me quedé mirando,
La hora era buena,
pero seguía amaneciendo.
¿Qué hará ahora que acaba el verano?
¿Cogerá otro camino más largo?
El sol viene más tarde
y el despertador suena en el mismo instante.
No entiendo la demora
si las horas son las mismas,
me pregunto entonces si nos alejamos nosotros,
si es nuestro camino más amplio
y nuestro tiempo más frío.
Ahora que voy a dormir me cuestiono
¿Qué ocurrirá mañana?
¿Apretará el paso para recuperar el tiempo?
¿O será incapaz de alcanzarlo?
Creo que al sol
tampoco le gusta que termine el verano.-

Insisto


Puede que alguna vez volvamos,
y al mirarnos,
un instante,
acortemos las ausencias.
Hay razones para no intentarlo,
alejarnos del fuego,
huir de inviernos pegados.
Es hora de lavar los cuerpos,
ocultos de disculpas,
desangradas en este altar de ofrendas
al que hemos venido a rezar los últimos años.
Nos hemos vuelto invisibles,
el uno para el otro,
nos ignoramos en lo deseos reprimidos,
y a la vuelta,
lejanos de palabras,
los secretos más largos son bienvenidos.
No añoro,
ni defiendo,
en este no estar opaco,
de tolerancias acumuladas.
Cuando las intenciones no se tocan,
ni lo siento es disculpa,
mejor borrar los arrullos,
y abandonarnos,
aunque sea con silencios.-

El libro de tu nombre


Se desvanece la mística de los años,
el clavel de oro que ha separado los días y las hojas.
La tierra llorada que siempre ha guiado las estaciones,
se sublima,
se sustenta en un hilo que cose los murmullos.
Los libros deberían ser siempre de pasta dura,
y yo tendría que amarte siempre
entre un punto y aparte y el final de un capítulo.
Ahora llueven letras y vocales.
Yo tuve un sueño: escribía un libro que terminaba contigo.
Cuando desperté solo llevaba diez páginas
y aún no nos conocíamos.
Los suspiros lentos son de felicidad,
salen de tus ojos a respirar esta agua
que cae a frases completas,
lejos se vislumbra un diccionario,
allí pasaremos la noche,
para buscar intimidades en significados que nos justifiquen.
Página cincuenta,
acaban de presentarnos y me dispongo a leerte.-

Cuando estás ausente


Hay una ausencia que huele a compañía,
un hueco en el mapa de posturas.
Hay un olor
que desemboca en distancia construida,
aroma,
perfume,
un recuerdo goteado.
Hay frases no pensadas,
palabras que no están en los silencios perdidos.
La melancolía no es un tiempo,
es un espacio que diluye la rutina,
modelado con viejas formas,
con deseos y despedidas.
Hay una hendedura, sí,
pero de piedra,
como el castillo que proteges.
Hay una intención en tus oscuridades
donde sobrevive una luz para llamarte.
Por momentos hay un espacio,
si sabemos llenarlo
con inviernos y paisajes,
rincones,
veredas,
con rezos y suspiros.
Existe la distancia, sí,
se aprende,
cuando las soledades nos arropan
del frío de los destierros.-

A los doce


Si ha de llegar, que sea.
Y que tarde.
Que los doce veranos por los que viertes
energía en cada zancada,
sigan sin fisuras.
Que centelleen los ojos
y derramen en la mirada,
un ansia infinita por amarrarlo todo.
Cada instante un comienzo,
cada hueco nuevo un brote;
dispuesto a hender desde los dedos
hasta el alma,
hasta el cielo en fase de nube
en un estado no escrito.
Nadie anunció que te cambiaría la voz dando besos,
la intensidad que cargas cuando duermes,
embozado hasta la cabeza.
Nadie nos habló de esta belleza,
una emoción de albaceas que recogen tus pasos
y la siembra de huellas que velamos en tu envés.
Una mano sin ser vista,
asistiendo a cada duda,
acariciando las preguntas
y cuando respondes,
intercediendo por los verbos
que construyen este espacio.
Y el emblema que crece contigo,
que sujeta los logros y recuerdos,
se alza en esta loma venidera.
Julio te trajo.
Ahora navegas por nuestra vida
con la luminosidad del estío,
y tu madre guarda las nanas que concedes con los ojos,
dobladas en el cajón de los empeños,
cuando saludas cada mañana
como si estuvieras naciendo.-

Status


Escribo para que me digas que falta un hilo conductor,
seguramente robado.
Escribo para desafiar el celo gremial de las letras ordenadas,
que ha convertido versos en prosa
y a los poetas en narradores.
Escribo para que no me leas
y mucho menos me juzgues.
No acudo a los premios,
no me prodigo por compilaciones de nombres extraños
y compañeros imposibles.
He olvidado al profesor que quiso corregirme,
altivo,
seguro,
con la lección aprendida.
Aquel que enterró la ilusión, casi nobel,
con un ya veremos de Larra,
sigue trabajando, muchacho,
vuelva usted mañana.
Ahora pinto poemas en la pantalla de un ordenador,
a color,
con foto,
El único permiso es la contraseña
que yo mismo me exijo para reconocerme.
Me libero cuando escribo: no leas estas letras,
sin licencia,
sin tesis ni grados,
y si te brota el inevitable consejo,
vuélvete y disimula.
Agradezco tu visita,
pero estoy ocupado.-

Biosfera de verano


Termino haciendo un alto
justo al comienzo del camino,
al abrigo de una encina que da sombras de dehesa.
En una parcela dibujada con viejas traviesas de madera
que soportaron un tren antiguo.
Una tela es mi casa,
donde dormito sobre una bolsa de aires de jara
que relaja mis músculos puestos al sol de agosto.
Dos sillas de tijera,
una mesa plegable
y una radio que canta melodías de Drexler.
Hemos varado cerca de casa,
justo donde el Parque de Monfragüe
musita aires de grandeza,
y un cielo estrellado que nunca más se olvida.
Al raso hemos puesto las ideas cansadas de todo un año.
Airear los ánimos,
relajar los tiempos.
Y cada mañana tomamos la manguera para oler el agua,
toda la que llegó en invierno
y que ahora disfrutamos en un baño.
El reflejo de la luz en tu verano,
me ha convencido para no moverme.
Agosto en Monfragüe.
Destino acertado.-

Cada segundo


Como la lluvia,
cuando te enfadas se moja todo.
Luego al sol se seca,
el aire limpia los impulsos y la calma llega.
El enojo se va como el agua
¡Qué fastidio!
Este hastío de corajes
que aparece como el ímpetu de la tormenta,
con mucho ruido.
A veces es cansancio de sostener un humor constante
que me sirvo en cada desayuno,
a tu vera, para limar asperezas.
Casi me disculpo por la impertinencia.
irritado, con un mal humor que olvido
dos segundos más tarde
¿Quién justifica las rabietas por el uso?
Recuerdo que me he enojado, pero es un recuerdo olvidado.
Ahora ignoro la inquina
por sentirme incómodo.
Una amargura pintada sobre lienzo.
Es junio y llega San Juan
y a la hoguera purificadora irán a parar las rutinas,
la confianza que desata en reproches,
y que el fuego se lleve la tormenta
y la tristeza de los días olvidados vuele con la ceniza,
a mortificar arrebatos.
Por eso te quiero,
Por esos instantes.-


Rapaces


Encuentro gentes de lágrima fácil,
rapaces de la imagen del desastre
que nos enseñan, solidarios y pedigüeños,
el horror que nos conmueve.
En la conciencia encuentran el talonario
con un precio que fijan sibilinos.
La pena disculpada que alimenta voraz
su ego de salvadores.
Hoy están aquí,
mañana en el mundo.
Miran a la cámara
para que la alegoría capte su grandeza,
la piel que oculta un insaciable apremio por hacer caja,
apuros para brotar el llanto,
carencias para nuestra apetencia,
penurias para su avaricia,
pobreza inmediata que nos llama.
Ellos están allí,
mañana en otro mundo
con más indigencia y distinto precio,
no hay saldos para la urgencia.
Privados de voz mientras otros plañen,
los cuerpos se rinden como actores secundarios,
se irán como vinieron,
con su halo liberador en cajas de oro,
en cómodos plazos subvencionados
por el decreto de la angustia y el donativo.
La miseria hace miserables
y los pobres volverán a estar solos,
en sus calles vacías de escenas,
como se olvida la tristeza
cuando no está en venta.
Amortizadas las lágrimas,
el dolor no cuenta.-


A tus ojos


Mirarte no es gratuito,
la dádiva es un segundo más en la memoria,
el instante en que cruzamos los ojos
sabiendo que el otro está.
Que estoy, que estás, que somos.
Así, cuando no hay contacto
brota el recuerdo:
Imaginar qué haces cuando yo te escribo,
mientras silbas, siempre silbas.
Los kilómetros que me alejan cada mañana,
acercan más los sentidos,
estás frente a mi mesa,
a larga distancia.
Ahora son tus ojos los que miran esta ausencia física
que mido en horas,
las que faltan para alimentarnos,
para tapar la sutura de la rutina.-

Plantabosques


Quiero un árbol con tu nombre
en el bosque de mis versos,
una majestuosa planta que asome
a los senderos de una rima
como arbórea sucesión de silabas
en la frondosidad de tus silencios.
Un arbusto en la espesura de mis miedos
donde encontrar siempre la vereda
que se despeja en tu claro.
En la loma en la que inicias un romance
de miradas asonantes,
un soneto de sierras,
un verbo de montaña y en los besos,
la selva de tus poros,
fluyendo entre el boscaje de mis sueños,
cuando despiertas radiante
en el pico de este monte de pasiones.
Quiero una cordillera endecasílaba
para no perder el ritmo
en el envite de baladas que te invento,
el germen de un cántico silente,
la tonada de un murmullo que crece entre las jaras,
un carrascal evocado,
luchando por ser bosque,
matorrales que riman en un tarareo
emitido desde cada una de tus cumbres.
Así,
desde esta asfixia de foresta,
se suceden arrebatos de culto,
en la querencia de que cada una de tus hojas
grabe mi nombre en el anverso
y viaje por tus vasos conductores
hasta tocar el suelo,
cuando en la tierra se disuelven los poemas,
las sales de arrullos repetidos,
y jardineros de pasiones,
esperemos a la noche
para devolverle el oxígeno a la luna.
Quiero ser un bosque en tus espaldas
y que plantes en mis yemas
los tallos de tus dedos,
las flores de un romance
para extraer esencias de tu cuello,
plantabosques de un amor que te profeso,
y que empapas con el sol de la mañana,
mientras entrelazas tus raíces
en cada uno de los brotes de mis ramas;
erguido,
como un tronco milenario,
cautivado,
como el agua que nos riega eternamente.-

Septiembre largo (II)


Hago un aparte y te contemplo,
una ofensa no gritar a tu paso,
la oda invisible de una admiración ausente,
un puñado de violetas que adornen tu apellido
y no zaherir silencios,
las formas lúcidas de una intención
que asoma cuando miro.
Hago con sorna un repaso a mi insistencia,
obligada reflexión sobre las no palabras,
silencios que cortan conversaciones evitadas.
Hay un paisaje convertido en cielo
donde las lunas no leen esquelas;
llueve sobre la silla que he guardado
mientras los paraguas juegan en el parque.
Así luce.
Así me luce la ironía que buscaba en los libros,
sinónimo desprovisto,
carente de aspiraciones claras,
cuando falto a la discreción que me impongo
y doy saltos desde el suelo,
inconsciente.
Creo seguir un remedio
para saborear dulces engañados,
así libero propósitos,
una meta divertida
que no distraiga ni la entrega,
la única obsesión con quien no duermo.
Entonces, un invisible y tenaz instante,
un parpadeo,
en el que te pierdo de vista,
justo cuando brindas por los lustros que no tendremos.
Tu risa levanta el veto
y por fin relato súbito
los deseos que me atan,
como un cilicio,
a tus dedos.
Dulce juventud, amarga justicia.


Ellas mandan


No las puedo tener sin tiempo
porque no se repiten,
y constantes se empeñan en ordenar sucesos.
Presente, pasado, futuro,
así de inevitable.
Si no están, no existo,
estoy porque me ofrecen la posibilidad de hacerlo,
en una dirección, nunca la contraria.
Esenciales y naturales,
tanto que estoy obligado a asumirlas.
Nunca mueren,
como la razón y la palabra.
Irremplazables
irrecuperables,
diosas que guardan las puertas del Olimpo.
Quieren ser previstas,
críticas, en punto,
empleadas y pasadas,
perdidas y extraordinarias,
decisivas y amargas,
de salida y llegada.
Las hay de gloria.
Y nos exigen una liturgia
que obliga a respetarlas.
En tiempo nocturno,
a tiempo diurno,
mis horas, cada una,
ellas mandan.-


De campamento


Hay un tiempo que se esconde entre junio y septiembre,
abril imita a noviembre para adelantarse a mayo
y luego llega julio,
a esconder los días,
las horas en remojo huyendo de febrero,
porque a enero lo traen los magos y no cuenta.
Busco en los meses escondidos
un enorme cajón de semanas que todos añoran,
semanas de maletas,
de relaciones
y sorpresas
porque, a veces, hay más gente de la que creemos.
En esta ocasión hemos encontrado agosto,
nos saludaron desde Sierra de Gata,
allí nos quedamos.
Yo he encontrado agosto,
lo trajeron unos amigos envuelto entre pinos
y agradables palabras.
Lo he guardado en mi maleta favorita,
no cogerá polvo
y podré volver a usarlo el año que viene.
¡Cuántos recuerdos despiertos!
Hemos hablado de ello,
ella y yo, en agosto,
mientras compartimos un beso regado de placeres.-


Solicito permiso


Me gustaría llevarte hasta un rincón dormido,
y recorrer las fronteras por la raya de tu piel,
dibujarte con trazos delicados
sobre el lienzo de los besos invertidos.
Un afán alimentado por los años,
un temor escondido con cautela,
un acto robado del cajón de los empeños,
un desliz invocado entre quiero y quiero.
Me gustaría asombrarte con la canción dedicada,
recitar la letanía de los anhelos,
escribiendo un futuro que nos una para siempre.
Cogidos a los días,
como las anillas de un cuaderno sujetan las hojas,
los pensamientos,
lo aprendido,
lo pendiente,
los borrones de ideas desechadas a las que vuelvo.
Me gustaría deslumbrarte,
pero siempre te adelantas,
colocas un faro en las pasiones
para que arribe seguro hasta tu dique,
velero de dolores,
amarras mi tensión apasionada,
cuando llego a puerto con viento favorable.-


Buscador de palabras


Salí a tu encuentro,
así saludé una vez más el espacio que dispones.
La palabra que envuelvo sigilosa,
cuidando verbos que se tornan sustantivos,
abrigando,
una empresa locuaz
para emprender la aventura de quedarme.
Soy viajero inoxidable,
cantero de la moldeable palabra,
nacida en cautividad en un diccionario con pastas.
Así comienzo a hablar contigo:
empiezo por el principio,
en una exposición escrita
en la que ordeno ideas
que se van colando a cada letra.
Flor de un texto que riego
con la punta de mi lápiz,
extirpando adjetivos,
reiteradas cualidades que no he de cantar.
Basta un paseo por tu presencia,
un alijo de sensaciones que hundo en el paquete de folios
donde imprimo estos versos.
Ríos que no desembocan en ningún final claro.
Aquí consagro el prólogo
donde justifico tenerte,
donde pido disculpas al espacio que ocupo
y permanezco en silencio,
aguardando mi turno,
el momento en que tu nombre
se vuelve para mirarme las manos,
entonces levito,
y olvido todo lo que quería decirte.-


Lívida primavera


Me alejo hacia el lugar más cercano,
viajo huido hasta el continente de lo invadido,
deshago un equipaje de prejuicios,
abandonando la maleta que lastra decisiones.
Cada lunes añado a nuestra cesta ciertos propósitos,
cinco al mes, como un regalo.
No lo he logrado.
Caminan más deprisa las proclamas,
anuncian una lucha de balcones
para asomarse a tu delirio.
Hay noches que gritan desde la terraza del deseo,
para que no merme el arrullo,
perseguido romance de amantes escondidos.
En la cima de lo posible
ondea la bandera de lo creíble,
pequeñas ideas para lograrlo
que nos sitúan ante la certidumbre de lo evidente.
Ahora corro más,
al final del viaje me esperan los brazos
que entregué al sujetarte,
cogidos al suelo del idilio,
construyendo un puente entre silencios
que retenga los segundos sin palabras
en los que se disparan intuiciones
que nos hacen enormes al instante.
Si algo pasa,
reacciono invocando rendiciones,
decretos que escribimos para no ser cumplidos.
Un desgobierno de lujuria
en el reino de los dedos invisibles,
donde andamos abrazados.-


Lunes de Pascua


Se han abierto las flores muy despacio.
La cera derretida de promesas imposibles
que desfilan con sonido de tambores.
Homilías para una saeta que nadie escucha.
En todo silencio hay fiesta
porque el poder de la proclama
se apaga con el paso de los años.
Las casullas esconden la infertilidad de lo absurdo
y los hombres se ríen a sus espaldas.
Nadie quiere un mártir para llorar su ausencia,
sólo la imaginería mantiene los rezos
de cuando éramos niños.
Hay lazos para acusar a las mujeres,
mientras lloran las madres en secreto
y la soberbia se sujeta en el orgullo reprimido.
Ya no aparentamos creencias en público,
viajamos al pasado como espectadores del absurdo,
pasajeros convencidos.
No quiero confesar los pecados,
ni acepto penitencia,
disfruto y los exprimo
para que luzcan todo el año.
Ya estuve en el país de los rezos y plegarias
pero no encontré a nadie redimido,
escondían los miedos no palpados,
sujetos a un cielo que no existe.
Ahora miro al frente
y allí arriba veo la luna
que sí protege los sueños cometidos cada noche.-

A sabiendas que te sigo


Sigo el silencio de tus pasos
porque la huella que dejan
pinta romances acompasados.
El sigiloso devenir de los deseos
templa el camino allanado por donde pisas,
Digo que los años se alimentan de nosotros,
un menú de recuerdos sembrados a conciencia,
prestos a continuar bajo la lluvia de los impulsos,
gotas de este cielo líquido que cae sobre ambos.
La nebulosa que nace de cada intento,
la estela de impresiones que fijamos al suelo elegido.
Liberado de excesos repentinos
recojo en cada tiempo un soneto licuado,
constante,
que se extiende más allá de lo previsto.
He dejado que traces la ruta convenida
para disfrutar de la sorpresa de seguirte.
Así somos,
como la suela que marca en la arena
la naturaleza de los sueños recorridos.-


Catorce varas


Levanto la mirada intentando entrar en tu mundo,
alcanzarte a pesar de la distancia,
una adolescencia creciente que aleja muchas risas compartidas.
Tu retina ha cobrado vida
y no mira ya por mis ojos,
ley de vida, lo admito.
No obstante, no ahuyenta la pena que se resiste a despedirte.
Estaba en el contrato
que tu madre y yo firmamos entre sábanas.
Pero no merma el empeño.
Así moldeas un universo recién descubierto,
un planeta poblado de seres diminutos que comparten tu idioma.
Mientras, yo te espero en la estación regreso,
y viajo, de cuando en cuando,
a proteger tu risa de envites no esperados.
Ahora mi cometido es otro.
Portero de tus libros.
Barredor de tus horas.
Reposeedor de dudas.
Sombra de tus miedos.
Afirmar sin ser visto
que continúas donde creo.
Y aplaudir,
ahora menos es cierto,
los logros superados de un esfuerzo diario.
Sigo ahí.
Me tranquiliza saber que lo sabes.
Y presumo de esos años
que te proyectan impresionante.
Ese compromiso es mi nota,
yo también me examino
de una asignatura que lleva tu nombre,
que preparo con empeño,
sin embargo me acompaña una intuición,
cada vez me preguntan menos.
Sigo respirando tu aire con propósitos divertidos,
para que juguemos a tenernos,
aunque sólo sea en cuenta.
Si levanto la vista siempre te encuentro.-


Barricadas y algodones


Voy a tu esquina cargadito de risas,
viaja conmigo una lágrima con millones de emociones,
caben todas las que han crecido a mi lado.
Llego a tu tierra a sembrar anuncios,
revelaciones intencionadas
de una declaración formal para ocuparte.
Destrozo la tela que nos separa hasta llegar a los surcos
de cada uno de tus poros
y tras de mí suenan tambores según me voy acercando
y en el promontorio que da al mar de tus decencias
instalo una bandera que despiste a otros marinos.
Los héroes se retiran en favor de los poetas.
Nos complicamos con frases de azúcar,
nos extraviamos en suspiros de almíbar,
puestos a empezar,
decidimos no comenzarlo
y los dedos, como las raíces, se nos van clavando,
como este jarrón que se ha llenado de libros.
Un puente de empujones que nos cruza al instante presente,
y al elevarnos nos convertimos, atónitos, en un mismo reflejo.
La frontera de lo evidente es un breve escarceo
de viejas pasiones con aires de trinchera.-


Universo de estelas


El cielo huele a ausencia,
hay una nube que anuncia la noche
vestida de carmín y satenes en butano.
Cuando la vista sigue viajando aunque no mires,
lo que no has visto no está oculto, sólo lejos.
El cielo no es infinito, es inmenso
y tiene esquinas con planetas cansados por el polvo,
por años luz de sed.
Más allá de lo que hay mas allá estamos nosotros,
repetidos,
en un firmamento que rota sobre millones de deseos esparcidos,
que recogen las estrellas fugaces que tanto admiramos.
En otra esquina están los sueños que no regresan,
testimonio de los años que crean y destruyen,
una fuente de estelas que una y otra vez miramos.
Como una intención que nos roza,
enorme luna de banalidades,
reflejo de misiones imposibles que observa un sol paciente,
también lejano,
pero constante y tranquilizador.-

Memorias de la Duda


Los días ya no sirven,
cuando han pasado y son historia los guarda el recuerdo.
Si los despierta un olor o un sonido,
se sueñan por aquello que no hicimos
y se aferran a un tal vez, a la duda febril de si hubiera sido.
A la desazón de un beso escapado,
aún ignorando que no será lo mismo.
Aquel día no es aquel, aunque nos acordemos.
Me despiertan los días que no me atreví,
y los que estuve a punto.
Me asustan otros tantos que no te dije,
y la vergüenza que entonces sentía.
Yo lo pensaba,
pero aquel día no era el día,
y hoy el motivo no es momento.
Me supuran los días que me han cambiado,
e ignoro los que a ti te han crecido,
aunque desconozco si estos días serían otros de haberlo sabido,
en un imperfecto que no domino.
Los tiempos de un pasado que la memoria
se empeña en vestir de presente.
Aquellos eran días, hoy también, aunque estemos lejos.
Tú en tu sierra,
yo en mi convento.
Y me empeño, y aún así no lo consigo,
que construir días no es cosa de amantes,
aún cuando brillas en el cajón de los deberes,
nada podrá corregir los instantes olvidados en cruzarnos,
empañados de melancolía,
un solo fugaz,
el segundo en que pensé decírtelo sin atreverme.
Es un día que predije porque no supe hacerlo.
Era un día que no era
y que hoy insiste en serlo.
En la memoria queda la duda, liberada monotonía,
pero no el remedio.
Tu allí,
yo he pasado.-


Tardes de noviembre


Adoro la escarcha ligera que despereza el agua dormida,
un rocío otoñado que cae como la lágrima.
Huelo un viento mojado que huye del mar,
rumbo a otra tierra.
Un calor pálido que gime entre las nubes,
un verde apagado de noviembre.
Endulzo las tardes a los pies del fuego,
en la camilla donde leemos los cuentos,
estudiamos lo verbos.
Abrazo la lluvia que se cuela limpiando el año,
un tiempo que va repitiendo y que no conocemos.
Una tarde larga, una noche en vela,
la guitarra que te has comprado y un cuaderno pautado.
Hoy saludamos robles amarillos,
mañana andaremos el monte.
Amo la melancolía del frío
y el escozor que produce la disculpa de quedarnos,
acurrucados viendo venir el viento cargado de hojas y musarañas.
El café ardiendo, en las manos, invitados a la tertulia,
a divagar sobre nosotros sin prisa,
un intento lento, piano, de permanecer así,
adormilados y tiernos.-


Campos de pluma


Si al tocar arrebato arrepentido,
recojo rojas mieles de soldado.
Si al defender reinos imposibles,
ofrezco coronas y ducados.
Si al corto paso ganado en batallas de ruegos y palabras,
planto el camino de regreso,
dejando migas con sangre de un costado,
herida abierta de impotencia para retroceder en la otra tregua.
Si languidecen las órdenes de frontera,
oriflama presumida de escuadrones invisibles,
protegidos por el ruido del sable de tu mano,
que señala mi campo de batalla con sones de conquista.
Si resisten a la retaguardia y presentan un frente combativo,
en el instante en que dejamos de movernos,
en esta explanada de plumas y almohadones.-

Cuando callo


Si solo el silencio dispone de palabras,
callaremos al atardecer
para que el eco del susurro sea un relato.
Si en las letras que ordenamos
existe un propósito avalado,
dogma de una experiencia,
que transmitimos acertados.
Si en las pausas logramos
hilar una reflexión
que nos proyecte al infinito.
Si así,
poco a poco,
a sabiendas que lo hablado
identifica nuestra voz,
con la pretensión bien entonada
de convertir en principio
todo lo aprendido a lo largo de los años.
Si al ruido en la garganta,
a las humanidades en un folio,
a los pensamientos en los dedos
y la intención en la distancia,
nos dibuja responsables
de la opinión que defendemos.
Si hay una esencia en contarlo,
conservando el sentido que sujetamos al lenguaje,
expresamos,
en una frase construida,
todos los hombres que han amado,
todas las páginas empleadas,
y cada una de las sílabas
que corregimos delicados.
Encontraremos en cada espacio,
un millón de juramentos,
un motivo infinito,
un sospechoso secreto,
y el halo de un texto
con el que pretendo ofrecerte
literaturas y silencios.-


Otoño


El cielo se esconde
y se abriga en un gris que llora en mi ventana.
Hay una camilla que invita a recogerse.
Huele el agua que limpia los rigores del verano.
Han llegado los ocres al Ambroz,
anunciando la fiesta del otoño.
En el bosque despuntan los hongos
provocando a selectos paladares.
Ruego a la lluvia que sea generosa.
El frío merece un instante para estar más cerca.
Se han abierto las piscinas
para que siga la corriente,
y los encuentros, doblados en silencio,
aguardarán la primavera.
No es abulia.
La melancolía es descanso
porque jugaremos en los charcos
a salpicarnos la ropa.
Saldremos a la calle bajo un paraguas de emociones,
oyendo el sonido y la tormenta.
Octubre delicioso.
Noviembre celebrado
que arranca con olores de magusto y calvotá.
Es otoño y me siento a verlo.
Bajaremos hasta el valle
recogiendo castañas envueltas en erizos.
En Extremadura es otoño
y suena el río convocado
justo cuando la tierra empapa los recuerdos
de un sol que queda lejos.-


Tiempo al tiempo


Las horas que no gasto las convierto en intenciones,
las que no encuentro me justifican.
Las horas que han pasado son historia
y nada puedo hacer por ellas.
Hay horas largas, distancia,
las que guardan una cita.
Las que preceden a un viaje se me pegan al estómago,
las hay mortecinas,
horas de la tarde que se escapan.
Las de la noche sudan,
las que me acompañas han crecido
y ya son lustros, horas estiradas.
Hay horas pactadas,
puntuales,
hay horas de minutero que siempre me apuntan,
me señalan un tiempo que empieza,
que ya consumo.
Hay horas invertidas para los recuerdos
y otras malditas que provocan lágrimas.
Tengo horas cosechadas en las páginas de los de libros
que guardan un momento,
horas empleadas con nudo y desenlace.
Hay horas para todo,
y para todas las horas,
guardo un último segundo,
un instante infinito,
preciso,
que me empuja a iniciar la siguiente,
y superarla.-


Estaciones


Suena el tren,
se aleja,
lo oigo.
Me pregunto si el destino de quien lleva
se cruzará con el mío,
si habrá alguien esperando,
si consiguió despedirse.
No se si se acerca,
o ha dejado algo,
siempre pensé que las vías señalaban un camino,
o muchos si se cruzan.
Llegará con alguien,
acompañando un vaivén
que va transportando.
En cada parada renueva una intención,
o traslada otra.
Las estaciones son cuatro,
pero el otoño palidece el ánimo,
y hay otra luz.
¿Por qué llorar en la partida?
Será que la distancia no podemos tocarla,
en cada andén dejamos algo,
el equipaje,
un deseo,
alguna mano agitada para recordar si vuelvo.
Por eso olvidamos las maletas,
como un lastre,
un adiós que no termina,
si no es un hasta siempre.
Viajeros de un destino inalcanzable,
propósito etéreo,
que cuanto más nos alejamos,
más estamos volviendo.-


Te inundo


Caracolas de amor para una melodía.
Lentos arrullos de caer la tarde.
En el silencio las palabras no discuten,
las miradas interpretan las caricias
y cada uno sabe del otro.
Bajo este descanso hay más fuerza todavía,
un cajón de instantes que pegaremos a las paredes,
para que vayan cayendo sobre la cama,
en un eterno tiempo de no decir nada.
Daremos vueltas, sobresaltos, a escondidas,
si junto a nosotros asoma el alba embaucadora,
a comprometernos,
a devolvernos actitudes que nos quitamos con la ropa,
y cerramos los ojos para que siga llamando.
Te inundo de susurros para no despertarte,
y me quedo vigilando por si llaman la puerta,
los ruidos de la mañana.-


Septiembre largo


Ya amanece despacio,
se deshacen las maletas con el viento
y la ropa fresca se desprende del olor del verano,
octubre se muestra airoso,
tras la sombra alargada de un sudor que se ha marchado.
Septiembre largo,
a la vuelta se han quedado los metros de camino,
lugares donde termina un viaje
y comienza el tiempo.
Sonidos y llamadas que han pasado página,
memoria de una historia que vamos escribiendo.
Cambiaremos la hora
y la piel se tornará blanca,
como las dunas,
como la arena que se colaba entre los dedos
caminando sonrisas de atardecer marino.
Será otoño, lo dice septiembre,
y hablaremos de viajes,
y de dónde iremos.
Septiembre largo conserva la memoria
de lo que no queremos desprendernos.
Hemos llegado a puerto,
cargados de tesoros
para pasar el invierno.-


Algo que busco


Sí, busco algo.
Llevo días y me ronda.
Me leo y cierro la página.
Ignoro el diagnóstico:
fobia al documento nuevo, blanco, blanco…
curvas,
mareo,
cerrado por descanso.
Huir de la rutina,
buscar el verano
tiene consecuencias.
La rutina es un refugio para escribir.
Hay que cerrar el verano.
El sol distrae porque sabe a agua,
dibuja planes,
regala gargantas que corren con agua fría
y se llevan los suspiros,
los que vierto en las hojas que luego publico.
Cambio versos por un baño,
apacible remojón que lava las ideas.
Así es el estío, demoledor, inmenso,
sanador, pecado, tentación,
viaje, paisaje, foto,
cambia rima por instante y te sale un deseo:
más tiempo para soñar despierto.
Kilómetros para la memoria, para el álbum de recuerdos
que lleno de destinos buscando…
nada, sólo admirar, mirar, capturar.
Siempre quiero subir alto, más alto,
y mirar, infinito en la retina,
cuando no te devuelve la luz un mar inmenso,
quebrado,
en una playa que ahora pego en mi pantalla,
ahí quedará, testigo de otro destino,
salitre, neurona, deseo, volver, fantástico,
qué maravilla, volveremos…
he vuelto,
me gusta cada viaje,
y lo que dejamos,
y lo que me traigo.
Es lo que busco.-


Verano


Vuelvo. No me fui lejos
Veni, vidi, vinci
Asturias un descubrimiento...
Extremadura una confirmación.
Monfragüe
Ambroz
Cáceres
Plasencia
Malevaje
La voz de Bartrina, leve pero concisa
Vuelvo
¿por donde empiezo?
Por los amigos
por los sueños
Otro vuelo
Enseguida lo cuento
Hasta aquí puedo leer...

No quiero empezar


Cómo te miro,
cómo licuan mis ojos
bajo la licencia de observarte,
Cómo enebro los poros de mi brazo
cuando avanzan a rozarte.
Voy rumiando las veredas
en el valle ondulado de tu camisa,
buscando un rastro,
una madriguera que convierta en nido
el rincón de las horas.
Tengo una lista con diminutivos para evitar tu nombre,
cómo apoderarme de tus letras
y jugar a enredarlas
al coser un arrullo entre susurros inventados,
cómo hojeo las reglas que marcamos,
para borrarlas,
reescribir sobre ellas cierta pasión en blanco,
cerezos en flor en nuestro jardín favorito.
Cómo elevarte en icono de mis frases,
color de mis dedos,
pasión de abril,
veranos en mayo.
Cómo reclamar que voy el primero
abriendo el papel que te envuelve,
verde cristal,
cómo conquistar los derechos
que colocaré a tus pies para que los evites,
lírica de un romance,
tarde de tormenta.
Cómo alimentan mi oído tus canciones de cuna.
Al llegar a tu puerta
reparto anillos y estelas,
tallos de licor con rodajas de querencia
y recojo lágrimas como mares
para navegar a tu cielo.-

Viaje


Cuatro días nos separan,
la distancia es un reloj que no avanza,
voy marcando las horas para animarlas.
Lejos de esperar,
limpio la ansiedad de este trayecto que soporto,
permanece la paciencia al borde del calendario,
los números se repiten en colores,
se pasean por este lago de motivos
y se resisten a marcharse.
El tiempo es un tarro de perfume,
un liberador de esencias que no se agota nunca.
Al llegar la noche respondo fatigado
a este sol demoledor de junio.
Ahora quedan tres días
y un festival de colores e ilusiones que asoma en lontananza,
cuando nuestro barco dibuja el horizonte.-


Días hábiles


Busco una razón sencilla
para seguir concentrado,
un reflejo en el agua
para reconocer mi imagen,
y que suene la voz en el curso del río.
Busco la puerta abierta
por la que escapar cada tarde,
cuando te das la vuelta
y distraes la mirada plomiza.
Busco un camino si tengo que volver
y una vereda si quiero perderme,
nada gratuito, ni casual,
busco un lugar donde no duela,
que calme un punzón de impresiones,
un remedio a esta deriva de abulias diurnas.
No volveré a aceptarlo,
he roto un contrato con la nobleza,
vuelvo al vulgo.
Busco una arista,
un cabo henchido,
un océano por delante,
un reflejo en el agua,
así es el estío.
Me empuja el calor y necesito descanso.
Lleno la maleta de días,
las noches las coloco en las sorpresas,
me marcho lejos,
a mirar otros ojos.
Me voy con los míos,
a regalarles tiempo.-



Más allá del cielo


Te busco en la coherencia
y quiero ser cabal como la luz del mediodía.
Te imagino salteada de principios,
inundada de excusas que te ahogan.
Te vendo voluntades,
empujones de un sí quiero,
tal vez lo intento,
insisto en la constancia,
porque sigo tras tus pasos
como las frases hacen libros.
Te anuncio que he llegado,
dando volteretas que disfruto
entre tu paisaje, tu vegetación y tu garganta.
Te huelo en el asfalto
que ha ocultado el camino,
y dibujo primaveras,
palabra de honor que repito para buscarte un planeta,
hacernos un mundo nuevo
donde no haya disculpas,
ni distancias,
no le pondremos nombre
y los amigos serán testigos,
invitados a este festival,
manantial de intenciones
que proclamamos a voces.
Te hago arrullos a medida,
acampado en tu espalda
me libero del fuego y te convoco,
lo exijo por derecho.-



Baño de luz


Alma de amor sencillo,
tierna luz de ilusiones,
nocturno de versos que te proclaman,
las sílabas se ordenan obedientes
al compás que reclamo un romance,
una cita a hurtadillas,
como una declaración sin intenciones.
No hay un mar que nos hunda,
nos hemos mojado los labios
en las frases más amables,
finales asonantes
de un delirio que busca rima.
Proclamo no invadirte,
como que cada día empieza.
Una esquina mojada,
bañada en la paciencia,
la inmensa paciencia de esperarte para siempre.
He cosido los años
con la aguja de un segundero,
hilvanando lento,
piano.
Si se te ocurre llamarme,
siempre contesto.-


Ni lo intento


No quiero alcanzar la luna,
ni los sueños envueltos en azúcar.
No guardo en el cajón recuerdos difuminados por el polvo.
Ni los años cicatrizan, no.
Las heridas nos marcan,
colocan su sello justo donde miramos.
Rezo oraciones de culto
para que ahuyenten disculpas,
escribir una homilía
sin pensar en el arrepentimiento,
un rosario de dudas,
de preguntas que no interrogan,
que se llenan de huidas.
La luna es reflejo del alma,
el brillo de una emoción,
sentimientos que olvidamos en cada intención
y que la rutina devuelve.
Los deseos no se pintan
si no es para cumplirlos.-


Hoja en blanco


Mi suma de razones
todavía no da infinito.
Mi libreta con motivos
guarda hojas en blanco que no consigo evitar.
Dos tardes lo intento,
si hay lluvia repito y llegaré a cuatro.
Busco un camino que ya he andado,
olisqueando una pista,
una huella petrificada que sirva como faro;
no oteo una luz al final del día,
no quiero prebendas,
no acepto recomendaciones.
Quiero llenar de cuentas este collar
y poder olvidarlo.
Mi agenda tiene dos números
y ninguno es el mío.
Mi calle busca inquilinos y el teatro aplausos.
Mis gafas gradúan el silencio
y oscurece sus cristales cuando no miramos.
Construyo un melodrama,
de final libre,
porque no me atrevo.
En cambio,
cuando menciono tu nombre,
escalo esa montaña,
para que todo le mundo me vea,
para que todos lo sepan.-

Apuntándome


El otro no existe.
La disculpa no se construye huyendo,
Ahora se deconstruye.
No hay nadie más para decir: yo he sido.
En este desierto sólo beberé
del agua que voy guardando.
O se comparte la sed.
No resuelve la disculpa
y todas las voces apuntan a mi garganta.
¿Entonces, para qué grito?
Las baladas que compongo no buscan melodía.
Hay razones que no se esquivan,
hay motivos,
el silencio no se dibuja.
Sólo cuando te señalan entre lágrimas,
y te empeñas en repetir:
Yo no he sido.-

Ruido


Ya no se escuchan rumores.
Se alejan los sonidos,
Los tambores desandan la melodía,
la que anunciaba los cambios.
El silencio de los años que rompen las dudas.
Un clamor de proclamas
que ya no es portada.
¿Quién provoca miedos o infunde risas?
Dos legiones de bravatas
y la calma rota, de repente, señalada con el dedo.
Culpable sensación de que nada he hecho.
Al levantar el ánimo,
la tormenta y los soldados
se entretienen ahora en nuevas tierras,
hitos de un bullicio provocado.
Yo vuelvo a mi morada,
a disfrutar de una derrota no consumada.-


Primer domingo de mayo


Te quiero dibujar risas y besos,
robar para ti tiempos y descansos.
Te quiero colgar del brazo cosquillas y mordiscos.
Yo fui niño con arrullos y caricias,
cucharadas de paciencia para entender los años,
palmaditas y susurros para guardar los sueños,
ahuyentar fantasmas.
Te quiero robar distancias,
levantar castillos.
Te quiero junto a mi pala
mientras la arena me cubra,
Te quiero porque el verano es siempre divertido,
y quiero los besos con olor a jarabe
y caricias para vencer la recaída.
Te quiero cada tarde esperando mi regreso,
mas allá de lo inevitable,
te quiero eternamente
y lo que quiero es volver de nuevo,
al regazo,
al refugio,
a nacer,
seguro,
al calor de tus latidos.-


Loa a Luisa


Si lejos levito,
levanto los ojos locos de lavar las lágrimas.
Si largo y lejano,
limpio el lúcido reguero,
la liturgia divertida de jugar con las letras.
Si levemente la luz
recogida en tus labios,
lame lenta y melosa
por las fronteras de mi lecho,
resistida a la lealtad
de imaginar un lugar
que no sea la isla de mi almohada.
Si la letanía liberada,
licencia que conceden los locos,
disecados en la risa libre,
al lanzarse al laberinto de lo no comprensible.
Leo el capítulo
y en tu loa,
la leyenda
liba en tus recuerdos y licencias.
Lego al legarte una legión de intenciones.
Lástima de laúd que no luce
cuando, lisonjero, lucho por una lucidez que no practico.
Lucifer me tienta
en un laudo sin cuartel
que no acabará en lustros.
Luisa lava las llagas
de mi lívida lengua
y el limonero aleja los lances
de mi lunática insistencia.-


Tic tac y destiempo


No sirve el tiempo como disculpa,
no dispongo de soledades
que nos escondan.
No tengo el menor remedio
ni cultivo con el tedio la costumbre.
No renuncio,
el diálogo que dan los besos
lo rescata la memoria.
No me justifico
pero te quiero más cerca.
La tarde no llora sin motivos
y las razones las encuentro en el rechazo.
Si no volvemos a los brazos,
a la madeja de oraciones,
quebraremos subidos al púlpito de las pasiones,
vigilados por las aún luces del ocaso,
entonces, ¿qué será de nosotros?
Hubo un lugar donde nos anunciábamos
a la vuelta de un arroyo,
pero hemos vuelto al mar
para mezclarnos el resto de los años.-

Rezo y penitencia


Vengo a contemplar tus ojos
desde pasiones más lejanas.
Quiero hurgar en el verde añil
y barrer el arrepentimiento
al recoger las velas como al cerrar los párpados.
Entre un abrir y un cerrar,
entre un voy y un vengo,
nada tengo yo si no tu iris de testigo.
Un icono para marcar intenciones,
una instantánea,
esa inmensa imagen fugaz que salva nuestro desencuentro.
Hay niebla en los motivos,
las ventanas se pliegan
y los hábitos recogen la rutina.
Tú quieres volver
y yo lo acepto.
Para nacer están las madres,
para intentarlo los cuerpos.
En treinta segundos regreso,
tiempo necesario para seguirte queriendo.
En mis ojos ríe tu imagen ahora,
ya has vuelto para quedarte.-


Cine Coliseum


Yo sí recuerdo las tardes de domingo,
leves, terminables,
huyendo del día siguiente.
¡Claro que no he olvidado!,
el cine con olor a niño,
los chupachus de azúcar
para mitigar la pena.
Y ocultar que se marcha la semana,
siempre los domingos por la tarde.
Y como asoma una más,
que también tendrá un martes,
lento, sin remedios,
y un viernes exaltado
que vendrá a salvarnos.
Así se nos dibuja en el sábado
la alegría de poseerlo todo.
Será más triste el domingo,
más largo,
y volveremos al cine,
como niños,
en doble sesión continua.-