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Otoñada



El otoño tiene alas que caen como gotas,
mojan en vuelo las hojas que saltan abrumadas,
antes de formar montones
que se mecen con el viento.
En otoño están todos los colores
y huele.
El otoño es perfecto
porque todo es posible.
En otoño caminas,
y el agua vuelve a llenar los arroyos,
huele a bosque,
a madroño.
El otoño no es triste, no,
es comienzo,
vuelta al principio,
eres tú más cerca.
Arruga es otoño,
octubre es llamada,
otoño es noviembre,
los meses se acaban en otoño.
Luz de ocres,
semilla,
aceite recién hecha.
Extremadura es otoño,
sonrisa,
Jerte, Gata, Ambroz,
otoño es sierra.
Amanece despacio
y el letargo aparente de la mañana
se despereza.
De la niebla a la lluvia,
del sol al viento,
otoño sorpresa,
otoño capricho,
ojos de otoño,
marrones castaño.
Tierra de otoño.
He salido a la puerta a esperarte,
pasajero en otoño,
evadido en las horas cortas,
instantes de leña
en la sierra del fuego.
Nací en noviembre,
Y soy otoño.-


Estaciones


Cuando se va septiembre
el sol se vuelve lento.
Hoy emerge más tarde,
diez minutos después de las ocho
salgo de casa como cada mañana,
él no asomaba,
un cielo naranja lo venía anunciando,
pero no había llegado,
perezoso septiembre.
Ayer, en cambio, dibujaba flores
en la dehesa del Salor.
Hoy no estaba,
Y me quedé mirando,
La hora era buena,
pero seguía amaneciendo.
¿Qué hará ahora que acaba el verano?
¿Cogerá otro camino más largo?
El sol viene más tarde
y el despertador suena en el mismo instante.
No entiendo la demora
si las horas son las mismas,
me pregunto entonces si nos alejamos nosotros,
si es nuestro camino más amplio
y nuestro tiempo más frío.
Ahora que voy a dormir me cuestiono
¿Qué ocurrirá mañana?
¿Apretará el paso para recuperar el tiempo?
¿O será incapaz de alcanzarlo?
Creo que al sol
tampoco le gusta que termine el verano.-

Cuando estás ausente


Hay una ausencia que huele a compañía,
un hueco en el mapa de posturas.
Hay un olor
que desemboca en distancia construida,
aroma,
perfume,
un recuerdo goteado.
Hay frases no pensadas,
palabras que no están en los silencios perdidos.
La melancolía no es un tiempo,
es un espacio que diluye la rutina,
modelado con viejas formas,
con deseos y despedidas.
Hay una hendedura, sí,
pero de piedra,
como el castillo que proteges.
Hay una intención en tus oscuridades
donde sobrevive una luz para llamarte.
Por momentos hay un espacio,
si sabemos llenarlo
con inviernos y paisajes,
rincones,
veredas,
con rezos y suspiros.
Existe la distancia, sí,
se aprende,
cuando las soledades nos arropan
del frío de los destierros.-

Status


Escribo para que me digas que falta un hilo conductor,
seguramente robado.
Escribo para desafiar el celo gremial de las letras ordenadas,
que ha convertido versos en prosa
y a los poetas en narradores.
Escribo para que no me leas
y mucho menos me juzgues.
No acudo a los premios,
no me prodigo por compilaciones de nombres extraños
y compañeros imposibles.
He olvidado al profesor que quiso corregirme,
altivo,
seguro,
con la lección aprendida.
Aquel que enterró la ilusión, casi nobel,
con un ya veremos de Larra,
sigue trabajando, muchacho,
vuelva usted mañana.
Ahora pinto poemas en la pantalla de un ordenador,
a color,
con foto,
El único permiso es la contraseña
que yo mismo me exijo para reconocerme.
Me libero cuando escribo: no leas estas letras,
sin licencia,
sin tesis ni grados,
y si te brota el inevitable consejo,
vuélvete y disimula.
Agradezco tu visita,
pero estoy ocupado.-

Plantabosques


Quiero un árbol con tu nombre
en el bosque de mis versos,
una majestuosa planta que asome
a los senderos de una rima
como arbórea sucesión de silabas
en la frondosidad de tus silencios.
Un arbusto en la espesura de mis miedos
donde encontrar siempre la vereda
que se despeja en tu claro.
En la loma en la que inicias un romance
de miradas asonantes,
un soneto de sierras,
un verbo de montaña y en los besos,
la selva de tus poros,
fluyendo entre el boscaje de mis sueños,
cuando despiertas radiante
en el pico de este monte de pasiones.
Quiero una cordillera endecasílaba
para no perder el ritmo
en el envite de baladas que te invento,
el germen de un cántico silente,
la tonada de un murmullo que crece entre las jaras,
un carrascal evocado,
luchando por ser bosque,
matorrales que riman en un tarareo
emitido desde cada una de tus cumbres.
Así,
desde esta asfixia de foresta,
se suceden arrebatos de culto,
en la querencia de que cada una de tus hojas
grabe mi nombre en el anverso
y viaje por tus vasos conductores
hasta tocar el suelo,
cuando en la tierra se disuelven los poemas,
las sales de arrullos repetidos,
y jardineros de pasiones,
esperemos a la noche
para devolverle el oxígeno a la luna.
Quiero ser un bosque en tus espaldas
y que plantes en mis yemas
los tallos de tus dedos,
las flores de un romance
para extraer esencias de tu cuello,
plantabosques de un amor que te profeso,
y que empapas con el sol de la mañana,
mientras entrelazas tus raíces
en cada uno de los brotes de mis ramas;
erguido,
como un tronco milenario,
cautivado,
como el agua que nos riega eternamente.-

Septiembre largo (II)


Hago un aparte y te contemplo,
una ofensa no gritar a tu paso,
la oda invisible de una admiración ausente,
un puñado de violetas que adornen tu apellido
y no zaherir silencios,
las formas lúcidas de una intención
que asoma cuando miro.
Hago con sorna un repaso a mi insistencia,
obligada reflexión sobre las no palabras,
silencios que cortan conversaciones evitadas.
Hay un paisaje convertido en cielo
donde las lunas no leen esquelas;
llueve sobre la silla que he guardado
mientras los paraguas juegan en el parque.
Así luce.
Así me luce la ironía que buscaba en los libros,
sinónimo desprovisto,
carente de aspiraciones claras,
cuando falto a la discreción que me impongo
y doy saltos desde el suelo,
inconsciente.
Creo seguir un remedio
para saborear dulces engañados,
así libero propósitos,
una meta divertida
que no distraiga ni la entrega,
la única obsesión con quien no duermo.
Entonces, un invisible y tenaz instante,
un parpadeo,
en el que te pierdo de vista,
justo cuando brindas por los lustros que no tendremos.
Tu risa levanta el veto
y por fin relato súbito
los deseos que me atan,
como un cilicio,
a tus dedos.
Dulce juventud, amarga justicia.


Tardes de noviembre


Adoro la escarcha ligera que despereza el agua dormida,
un rocío otoñado que cae como la lágrima.
Huelo un viento mojado que huye del mar,
rumbo a otra tierra.
Un calor pálido que gime entre las nubes,
un verde apagado de noviembre.
Endulzo las tardes a los pies del fuego,
en la camilla donde leemos los cuentos,
estudiamos lo verbos.
Abrazo la lluvia que se cuela limpiando el año,
un tiempo que va repitiendo y que no conocemos.
Una tarde larga, una noche en vela,
la guitarra que te has comprado y un cuaderno pautado.
Hoy saludamos robles amarillos,
mañana andaremos el monte.
Amo la melancolía del frío
y el escozor que produce la disculpa de quedarnos,
acurrucados viendo venir el viento cargado de hojas y musarañas.
El café ardiendo, en las manos, invitados a la tertulia,
a divagar sobre nosotros sin prisa,
un intento lento, piano, de permanecer así,
adormilados y tiernos.-


Otoño


El cielo se esconde
y se abriga en un gris que llora en mi ventana.
Hay una camilla que invita a recogerse.
Huele el agua que limpia los rigores del verano.
Han llegado los ocres al Ambroz,
anunciando la fiesta del otoño.
En el bosque despuntan los hongos
provocando a selectos paladares.
Ruego a la lluvia que sea generosa.
El frío merece un instante para estar más cerca.
Se han abierto las piscinas
para que siga la corriente,
y los encuentros, doblados en silencio,
aguardarán la primavera.
No es abulia.
La melancolía es descanso
porque jugaremos en los charcos
a salpicarnos la ropa.
Saldremos a la calle bajo un paraguas de emociones,
oyendo el sonido y la tormenta.
Octubre delicioso.
Noviembre celebrado
que arranca con olores de magusto y calvotá.
Es otoño y me siento a verlo.
Bajaremos hasta el valle
recogiendo castañas envueltas en erizos.
En Extremadura es otoño
y suena el río convocado
justo cuando la tierra empapa los recuerdos
de un sol que queda lejos.-


Tiempo al tiempo


Las horas que no gasto las convierto en intenciones,
las que no encuentro me justifican.
Las horas que han pasado son historia
y nada puedo hacer por ellas.
Hay horas largas, distancia,
las que guardan una cita.
Las que preceden a un viaje se me pegan al estómago,
las hay mortecinas,
horas de la tarde que se escapan.
Las de la noche sudan,
las que me acompañas han crecido
y ya son lustros, horas estiradas.
Hay horas pactadas,
puntuales,
hay horas de minutero que siempre me apuntan,
me señalan un tiempo que empieza,
que ya consumo.
Hay horas invertidas para los recuerdos
y otras malditas que provocan lágrimas.
Tengo horas cosechadas en las páginas de los de libros
que guardan un momento,
horas empleadas con nudo y desenlace.
Hay horas para todo,
y para todas las horas,
guardo un último segundo,
un instante infinito,
preciso,
que me empuja a iniciar la siguiente,
y superarla.-


Te inundo


Caracolas de amor para una melodía.
Lentos arrullos de caer la tarde.
En el silencio las palabras no discuten,
las miradas interpretan las caricias
y cada uno sabe del otro.
Bajo este descanso hay más fuerza todavía,
un cajón de instantes que pegaremos a las paredes,
para que vayan cayendo sobre la cama,
en un eterno tiempo de no decir nada.
Daremos vueltas, sobresaltos, a escondidas,
si junto a nosotros asoma el alba embaucadora,
a comprometernos,
a devolvernos actitudes que nos quitamos con la ropa,
y cerramos los ojos para que siga llamando.
Te inundo de susurros para no despertarte,
y me quedo vigilando por si llaman la puerta,
los ruidos de la mañana.-


Hoja en blanco


Mi suma de razones
todavía no da infinito.
Mi libreta con motivos
guarda hojas en blanco que no consigo evitar.
Dos tardes lo intento,
si hay lluvia repito y llegaré a cuatro.
Busco un camino que ya he andado,
olisqueando una pista,
una huella petrificada que sirva como faro;
no oteo una luz al final del día,
no quiero prebendas,
no acepto recomendaciones.
Quiero llenar de cuentas este collar
y poder olvidarlo.
Mi agenda tiene dos números
y ninguno es el mío.
Mi calle busca inquilinos y el teatro aplausos.
Mis gafas gradúan el silencio
y oscurece sus cristales cuando no miramos.
Construyo un melodrama,
de final libre,
porque no me atrevo.
En cambio,
cuando menciono tu nombre,
escalo esa montaña,
para que todo le mundo me vea,
para que todos lo sepan.-

Ruido


Ya no se escuchan rumores.
Se alejan los sonidos,
Los tambores desandan la melodía,
la que anunciaba los cambios.
El silencio de los años que rompen las dudas.
Un clamor de proclamas
que ya no es portada.
¿Quién provoca miedos o infunde risas?
Dos legiones de bravatas
y la calma rota, de repente, señalada con el dedo.
Culpable sensación de que nada he hecho.
Al levantar el ánimo,
la tormenta y los soldados
se entretienen ahora en nuevas tierras,
hitos de un bullicio provocado.
Yo vuelvo a mi morada,
a disfrutar de una derrota no consumada.-


Apago tu nombre




Reinvento un color de banderas,
tal y como polinizan tu ojos
mis maneras esclavas.
Logro que el lujo sea sólo mi nombre
en tu boca.
A veces,
otras veces,
muchas veces
no me llamas,
y cambio mi estandarte por cornetas que truenan.
Así te llamo yo
si tú no me pronuncias.
Avanzo sin camino
perdiendo los pasos que doy,
una leve postura que me encuentre ocupado
cuando volvamos al nido,
junto a un sendero de dorados y grises,
a perdernos del ruido
bajo el sol de la noche que nada ilumina.
Es una atención que reclamo,
mientras no te oigo
y me suena a lejos
y las distancias me dan miedo.
Pero quiero separarme
y estar más contigo.
Fingirme dueño,
con mi color domado,
oculto levemente sobre tu tierra mojada.-


Tenso tenerte




Ya temo en el dolor más arrebato,
si anuncias desnudarte en el espejo,
dejar que me consuma sin complejo,
si quiero convencerte del recato.

Sufro porque cese este mal rato,
por librar obsesiones que no dejo
y por llegar a tu lado siendo viejo,
cumpliendo las verdades que yo acato.

Y es que sois vos quien pinta despertares,
quien desvela los sueños de mañana,
quien endulza pesadillas y pesares.

Sois la dama que quiero en mi ventana,
la sombra que acompañe a mis andares,
quien gana la batalla más liviana.-

Ni blanco ni negro




Gris,
cielo gris.
Abrazo las nubes
y los olores mojados sobre una brisa gris,
cielo gris.
Ánimo gris, dulce voz,
la pena gris y el dolor,
la ausencia no viaja
y la espera es gris,
cielo gris.
Yo quiero una torre de babel
y subir, trepar,
coger desde el cielo el gris,
esconder el tañido constante
y el compás de un ritmo gris,
cielo gris.
Trastoco una húmeda luz,
un reflejo gris.
Ordeno este mundo azul
y en el anverso el gris.
Ya no te pido gris,
sólo añil,
mil suspiros sí,
cielo gris.
Yo no huyo más,
amante gris.
No ignoro el mar,
un reflejo gris,
al llamarte, mi voz,
desgañita el gris.
Y una puerta más
para tapar pasión,
cerrada y gris,
mi querencia,
cielo gris,
gris, sí, mi amor.-

Deseo constante




Te quiero hacer una luz en la cintura
donde el tiempo comparezca retrasado
y poder reaccionar con las ausencias
Te quiero poner a pintar campos de pluma
para que Góngora vigile nuestra estancia
Para librarnos de batallas en desidia
y enfrascarnos en nobles estrategias
que dilaten los abrazos
si adormecen agarrados a la tarde
En un vaivén de ilusos arrebatos
te quiero robar dos momentos y un suspiro
Hacer volar las emociones
sin que te toquen los poros dilatados
Te quiero hacer beber las impresiones
para que recojas los gustos del recato
Mil veces te quiero hacer lo mismo
y volcarme en imitarlo en cada inicio
Te quiero conceder todos mis lienzos
para que borres de mi horror las soledades
a dibujar memorias con instante
con tu imagen congelada entre mis duelos
Te quiero hacer constante hasta en las ganas
y que al momento repitamos nuestros nombres
mojados del esfuerzo
a luchar por seguir así amarrados
Te quiero contener si no me tapas
de los ojos las palabras que no encuentro
de los labios intenciones que desvelo
Te quiero hacer holgadas ilusiones
y volver al principio
sin principios
Donde te quiero hacer de nuevo.-

Otoño eterno


Otoño
agua
lento frío
noche larga
agua
en otoño regresas
larga noche que nos une
densa niebla que te abraza
te amo desde otoño
yo recojo las hojasde tu árbol desnudo
otoño limpio
eterno
que vuelvas si es otoño
que te quedes si es invierno
en otoño te llamo
para que no te vayas
nunca
tampoco en otoño.-

En otoño si barruntas grullas, o blogueros o grullas



Dice un refrán extremeño, exactamente eso: "en otoño si barruntas bulla, o talavañeros (gentilicio del pueblo cacereño de Talaván) o grullas". Mi estreno no pretende montar bulla, si ruido. Me estreno en este lado del juego. Sí, lo reconozco, algo nervioso. Hasta ahora es fácil opinar sobre lo que otros opinan. Un comentario. Una apreciación. Una crítica. ¿y ahora de qué hablo?, seguro que muchos saben de qué hablo. Abro una ventana en el país de las palabras libres, vengo a este coro de pensadores que escriben... yo también lo llenaré de ideas, y de poemas, y de rabia, y de luz. Regálate un viaje... a Extremadura. Si vienes en otoño, con las primeras luces del alba, o las últimas del ocaso, las verás volando en una inconfundible formación en V, son grullas, una cuadrilla de grullas. Como estas. Ya me he estrenado, prometo estar menos nervioso y más acertado